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Dimensiones del Color

Propiedades y dimensiones del color. El estudio del color es muchas veces confuso para los estudiantes de arte porque no consiguen distinguir los límites de su cometido específico. Los físicos se interesan por el fenómeno de luz, la mezcla de luces cromáticas, la clasificación del color a través de la comprensión de la frecuencias y longitudes de onda de los rayos

 

luminosos de colores y tocan sólo periféricamente el campo de los pintores y diseñadores. La investigación de los fisiólogos versa sobre nuestro aparato visual y la reacción neurológica ante la luz y los colores y es más cercana a nuestros intereses. El interés de los psicólogos se centra en la percepción y la influencia del color en términos del simbolismo subjetivo, y está incluso más cercana al centro de nuestros estudios, hasta el punto de que muchas veces se superpone. Los intereses del artista se pueden considerar centrados principalmente en a) el aspecto constructivo del color, es decir, cómo funciona el color en distintas relaciones; y b) el aspecto expresivo del color, es decir, su potencialidad para la traslación de la impresión visual que tiene el mundo exterior y su potencialidad como vehículo emocionalmente expresivo de su mundo interior de imaginería simbólica. Pero estas subdivisiones son sólo teóricas y, en la práctica, están en perpetua unión. Los colores tienen elementos diferentes que los hacen únicos y cuya importancia visual se basa en el matiz, el tono o valor, la saturación, temperatura y el contraste.

Matiz o tinte. El matiz es la primera cualidad del color, precisamente por ser la característica que nos permite diferenciar un color de otro. El matiz se emplea como sinónimo de color.

Valor o tono. Cada color se identifica por el tono que es la frecuencia de la longitud de onda de un color dado. Como todos sabemos, el rojo es diferente del verde, y el púrpura del café. El tono es una identidad única de cualquier color dentro del espectro, aquello que lo diferencia de lo otro. Que un color sea primario, secundario o intermedio, o que se cree por un proceso sustractivo o aditivo, no tiene importancia alguna en relación con el tono; a su vez, que un color exista como una entidad única define el tono. El blanco y el negro, son los valores de luz más alto y más bajo respectivamente. El valor de color se refiere a la luminosidad u oscuridad del color. El blanco tiene el grado más alto de reflexión de la luz, mientras que el negro es el que tiene el grado más bajo de reflexión de la luz. En el espectro de color, los tonos claros tienen un grado de reflexión de la luz mayor que los colores oscuros. El valor del color, es su posición respectiva en la escala blanco-negro. Cuando el color se aclara con blanco, el tono resultante se llama degradado. El valor de color, es la segunda cualidad de color. Distingue un color oscuro de uno claro. El café chocolate es más oscuro que el marrón claro, y el azul cielo es más claro que el marino. El valor de un color se define por la cantidad de luz u oscuridad del mismo.

Saturación de color o cromo. También conocida como intensidad o pureza, se puede concebir la saturación como si fuera la brillantez de un color. Es la tercera dimensión del color. Es la cualidad que diferencia un color intenso de uno pálido. Cada uno de los colores primarios tiene su mayor valor de intensidad antes de ser mezclados con otros. Así, el azul pavo real es muy brillante, mientras que el marino es más bien opaco. De modo análogo, los populares colores verde lima de los anuncios de neón que evocan la década de 1960 son mucho más intensos que un verde bosque. Para reducir la intensidad, se agregan o quitan otros colores, el blanco, el negro o la luz. Un color se encuentra en su estado más intenso y saturado por completo cuando es puro y no se le han añadido negro, blanco u otro color.

Pinturas Especiales

Pinturas de poliuretano (resinas de poliéster). Hay dos tipos: unas que tienen un solo componente que se cataliza con la humedad, y otras que tienen dos componentes: una resina de poliéster que se mezcla con un endurecedor o catalizador. Se utilizan disolventes espe­ciales, los que recomiende el propio fabricante.

 

Pinturas ignifugas e intumescentes.
Son pinturas que no arden al someterlas a una llama intensa, y a veces aíslan el elemento de la acción del fuego por lo que retrasan su destrucción. Puede ser ignifugas simplemente o además ser intumescentes, que son en las que, al producirse el fuego, aparece un efecto de esponjamiento celular de­bido al calor consiguiendo que una capa delgada de pintura se transforme en una costra esponjosa.

Pinturas Nitrocelulosicas. Están formadas por nitrocelulosa plastificada para darle más flexibi­lidad. Hay dos tipos: las que tienen un brillo directo, con un tipo de resina; y las que, con aditivos, desarrollan el brillo al pulirlas. Los disolventes son es­peciales y de rápida evaporación. Duras y tenaces. Resisten el roce y la intemperie. Pierden parte del brillo, que se recupera al pulir. Al evaporarse los disolventes se secan.

Pinturas Bituminosas. Se obtienen con soluciones de productos bituminosos (breas y alqui­tranes) y con disolventes normales (white spirit, aguarrás . . .) Algunas ve­ces se incorporan resinas. Son impermeables al agua. Resisten aceite, petróleo y álcalis pero no resisten disolventes. Se adhieren bien sobre metal y cualquier elemento de enfoscado, mortero, hormigón, etc.

Siliconas. Son productos sintéticos formados por un elemento químico, el silicio, con átomos de hidrogeno, oxigeno y otros radicales. A veces no penetran lo suficiente en el material. Cuando se depositan sobre un elemento, si posteriormente se aplicase agua no cambia de color, o sea, no se moja y el agua resbala. Se debe hacer una impregnación muy abundante porque no se puede repetir el tratamiento.

Pinturas de Aluminio. De aspecto metálico. Se incorpora una pasta de aluminio molido y un barniz graso. El aluminio forma unas escamas que flotan, llamado efecto lea­fing, y forman una película de aspecto metálico por la que no penetra la humedad. También aísla de rayos ultravioleta. Si no flotasen se emplea como carga o para mezclar con otras pinturas. Resiste a la intemperie según el tipo de resina, resiste ambientes ma­rinos.

Pinturas al Martele. Es una pintura al aluminio. Las escamas no flotan. Por efecto de una silicona tiene un aspecto característico que se llama martelé: Es una especie de dibujo irregular, parecido a si martilleasemos sobre cobre para darle forma. Como aglutinante, cloro caucho, epoxi, poliuretano, etc. Hay que dar dos manos porque hay que cuidar que en los cráteres no dejen de proteger el soporte. Disimula defectos.

Lacado. En la actualidad es un acabado por su tersura y su perfecta superfi­cie. Se puede conseguir con distintos tipos de esmaltes y pinturas, cuidando las fases del proceso y, como se dan varias capas, que no haya problemas de adherencia entre ellas.
Normalmente se emplean en muebles, armarios, puertas

Esmaltes

Esmalte graso. Está compuesto por aceites secantes mezclados con resinas duras na­turales o sintéticas. Es una simple mezcla, en los esmaltes sintéticos es una combinación química. Como disolvente, aguarrás o white spirit. Buen brillo, que se pierde en la intemperie. Buena extensibilidad. No resiste la alcalinidad (por lo que hay que aislar la superficie del cemento). Tiene un secado y un endurecimiento lentos que se retrasan con el frío. La tonalidad blanca no es muy pura. Dan buenos barnices transparentes. Se utiliza en interiores como esmalte de acabado. En exteriores, debi­do al aceite pierde brillo al sol, por lo que tiene un uso restringido.
Se aplica con brocha o con rodillo especial de esmaltar.

Esmaltes sintéticos. Se obtienen por combinación química de resinas duras y aceites secan­tes. Como disolvente, aguarrás o white spirit. Las resinas más empleadas son las alquílicas, que tienen gran dureza, buen brillo, resisten agentes químicos e intemperie y, al combinarse con los aceites, tienen gran flexibilidad. Secan con rapidez. Gran brillo, incluso al exterior. Al interior disminu­ye el brillo y las resistencias exteriores disminuyen. Se utilizan mucho en decoración y protección de superficies de made­ra y sobre metal, tanto en exteriores como en interiores. Además de utili­zarlo como cubriente, se obtienen barnices transparentes.
También se utili­zan como imprimaciones anticorrosivas, aunque necesitan primero una pre­paración esmerada si se utiliza sobre metal. También se utiliza sobre super­ficies de cemento, aunque conviene neutralizarlo. Se aplica con brocha, rodillo, pistola o por inmersión.

Pinturas de resinas
Pinturas al cloro-caucho. Se obtienen a base de un derivado clorado del caucho. Disolventes es­peciales, generalmente aromáticos (los disolventes normales, aguarrás, white spirit, no son suficientemente fuertes). A veces llevan cargas, pig­mentos de color y aditivos adecuados. Resisten agentes atmosféricos, agua y agentes químicos. Son imper­meables, se adhieren bien a cualquier superficie, incluso las de tipo alcalino. Secaje rápido. Resisten la sosa y los ácidos y se reblandecen con aceites y grasas. Son sensibles al calor (” 70 ºC) y se descomponen a estas tempera­turas. Se utiliza sobre superficies de hormigón, acero, depósitos de cemento, marcas viales, piscinas, etc. No tienen problemas para repintados. Se aplica con brocha y con pistola aerográfica utilizando los disolven­tes especiales para evitar que se formen hilos.

Pinturas epoxi. Se transportan en dos envases, en uno la resina epoxi y en el otro un catalizador o endurecedor. Los pigmentos pueden ir con cualquiera de los dos componentes. Disolventes fuertes. Duración limitada de la mezcla. Muy duras, gran resistencia química, adherencia al cemento, secaje rápido. Se pueden mezclar con alquitranes obteniendo impermeabilidad y resistencia al agua. No emplear a menos de 10 ºC. Si se utiliza sobre acero hay que eliminar todo el oxido. Se utiliza en instalaciones industriales, en tanques aunque lleven ácidos o álcalis, en garajes, en lavaderos, en todo tipo de naves sujetas a frecuentes limpiezas. Tienen una propiedad de descontaminación radiactiva, por lo que se utilizan en hospitales y laboratorios en los que exista medicina nuclear. Se aplica con brocha , pistola y a veces con rodillo.

Pintura al cemento. Es una pintura al agua formada por cemento blanco y un pigmento que resista la alcalinidad. Se vende en polvo, que puede estar coloreado o no. Al efectuar la mezcla se debe efectuar inmediatamente el trabajo ya que tanto el secado como la formación de las capas son como el fraguado del cemento, o sea, necesitan humedad constante. Es mate, absorbente y resiste agentes atmosféricos. Se debe emplear sobre superficies ásperas, rugosas y porosas para que se adhiera con facilidad. Se utiliza en exteriores. (ladrillos, mortero de cemento y derivados) Se aplica con brocha, rodillo o pulverizado.

Pintura a la cal. Es una pintura al agua que tiene como aglutinante y pigmento hidróxido de calcio (cal apagada). Acabado mate, poroso, absorbente, endurece con el tiempo, la hume­dad y la lluvia favorecen la carbonatación. Resiste a los agentes atmosféri­cos. Tiene buenas propiedades microbicidas. Puede colorearse. Se debe ma­nejar con precaución por su causticidad. Tiene buena adherencia sobre mortero, cal, piedra, ladrillo . . . Se em­plea en interiores y exteriores. No emplear sobre yesos, madera o me­tales. Se aplica con brocha, rodillo o pulverizadores.

Pintura al silicato. Es una pintura al agua que tiene como aglutinante una disolución acuosa de silicato de potasio o sosa y como pigmento blanco de zinc u otros pigmen­tos minerales resistentes a la alcalinidad. Es dura, resistente a la intemperie y la alcalinidad del soporte, por lo que se puede emplear sobre el hormigón y el cemento pero no sobre yeso. Tiene una gran adherencia al vidrio y al hierro. Se transportan separados el vehículo del pigmento pues la vida mezclada queda limitada. Se utiliza en exteriores sobre cemento y derivados, piedra, ladrillo y vidrios. Se aplica con brocha, pistola o rodillo.

Pintura plástica.
Es una pintura al agua que tiene como aglutinante resinas plásticas o acrílicas y como pigmento cualquier tipo de pigmento que resista la alcalini­dad. El aspecto varía de mate a gran brillo. Buena adherencia. Resistencia al lavado y al frote debida a su contenido de resinas. Se seca rápidamente, aunque se retrasa en tiempo húmedo. Es perjudicado por las bajas tempera­turas (Temp. Mín. entre 5 y 10 ºC). Sobre el hormigón se recomienda utili­zar resinas acrílicas. Gran gama de colores. Se utiliza en interior y exterior sobre yeso, cementos y derivados. Si se utiliza sobre madera o metal se debe dar previamente una imprimación. Se aplica: Liso: brocha, rodillo y pistola. Picado: rodillo de esponja. Gotelé: con máquinas.

Psicología del Color

Física y anímicamente, el ser humano es afectado e influido por los colores que le rodean, al articular sus referencias convencionales. Por ello es que desde los mitos y leyendas primitivas hasta las modernas teorías de la conducta humana se ha tratado de explicar el significado de los colores.

 

Cuestión que Goethe ya vislumbraba en Esbozo de una teoría de los colores, generando un sinnúmero de ironías y comentarios maliciosos. Goethe, antes de que existiese la psicología, afirmaba que los colores actúan sobre el alma; pueden provocar la tristeza o la alegría. La psicología cromática divide cada color en siete tonalidades, a partir del rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta, siguiendo la norma de clasificación más común: fríos y calientes. El rojo, el naranja, el amarillo y el verde son de poder estimulante o excitante, en tanto que el azul, el índigo y el violeta son sedantes o tranquilizadores. Cuentan el fulgor, la brillantez, la luminosidad, pero el diagnóstico suele orientarse por los matices medio brillantes.

Desde el punto de vista del análisis psicológico y físico, el negro se considera como ausencia de todo color, por absorber la luz y devolverla. Por eso es sintomático de las tinieblas, caos y muerte. Carl G. Jung ha mencionado concretamente los colores que expresan las principales funciones psíquicas del hombre: azul es el color del cielo, espíritu y pensamiento; amarillo es el color de la luz, del oro y de la intuición; rojo es el color de la sangre, la pasión y el sentimiento; verde es el color de la naturaleza, la sensación y la relación entre el soñador y la realidad. A ésta se le llama psicología de los colores, cuyo objetivo primordial es la determinación de relaciones lo más claras posibles entre los colores como manifestaciones y los acontecimientos psíquicos asociados a ellos.Esta se evalúa mediante dos test utilizados actualmente, el primero es el Test Piramidal del Color (FPT), y el segundo y más conocido es el test clínico denominado Test Lüscher, en honor a su creador. En él se pide colocar algunos colores en una jerarquía de acuerdo a la simpatía con respecto a un color particular. La amplitud simbólica de los colores está caracterizada por una enorme libertad de elección, con todas sus inevitables contradicciones, conforme a los niveles de cultura y educación, creencias religiosas o ideológicas, sexo y edad, raza y geografía. Pero hay patrones muy específicos, como se ha visto, con importantes coincidencias

Témpera o Gouache

“GOUACHE”
En el gouache los pigmentos están aglutinados con cola o mezclados con pigmento blanco. Aunque carece de la delicada luminosidad de la auténtica acuarela, es más sustancioso que ésta y su textura se parece a la de la pintura al óleo. Además, la tendencia de los colores del gouache a aclarar a medida que se secan permite una amplia gama de efectos nacarados o tipo pastel. Los primeros en emplear este procedimiento fueron los antiguos egipcios que utilizaban miel para aglutinar sus pigmentos. Su uso estaba muy difundido en la edad media para la iluminación de manuscritos y alcanzó verdadera popularidad en el siglo XVIII; el pintor francés François Boucher explotó con gran habilidad sus tonos nacarados. Los artistas del siglo XX han utilizado mucho el gouache porque permite conseguir empastes espesos, ideales para lograr efectos más expresionistas. En la actualidad es también conocido como témpera. El gouache se emplea mucho hoy para carteles publicitarios, figurines, decorados e ilustraciones. En este procedimiento se emplea como soporte tela, tabla o cartón preparados con cola para que no sean absorbentes; cuando han de pintarse amplias zonas con tintas planas, la superficie que ha de recibirlas no se coloca vertical ni muy inclinada para que las pinceladas no resbalen unas sobre otras.

Encaústica

Pintura a la encaústica. Es la pintura realizada con pigmentos mezclados con cera caliente o, más recientemente, con resina. Tiene la finalidad de fundir el pigmento en la superficie, produciendo así un acabado de gran duración. La encáustica era una de las técnicas pictóricas más utilizadas en el mundo clásico.

 

Los antiguos griegos y romanos calentaban la superficie a pintar y la paleta con quemadores de carbón vegetal y trabajaban con una espátula de metal de dos extremos o con un pincel. Algunas veces grababan el dibujo con el extremo caliente de la espátula y después rellenaban la incisión con pintura. Esta técnica cayó en desuso en el siglo VIII o IX y nunca ha sido resucitada en serio, con excepción de una breve reaparición en Alemania, en el siglo XIX, para la pintura mural. En el siglo XX se ha venido aplicando con cierto éxito para la pintura mural y sobre tabla. En la actualidad, se añade resina a la mezcla para endurecerla y facilitar su aplicación y todo el proceso se simplifica gracias a la paleta que se calienta eléctricamente.

Historia del color en la Pintura. El color es una creación subjetiva, no está en las cosas ni en los agentes intermediarios y como tal la sinfonía cromática de una obra de arte es el resultado de una astuta combinación de colores, de colores subjetivos, en donde el artista es quien da vida gracias a su inspiración y a su técnica al color experimental. 

 

Dentro de este tema podemos ver la diferencia entre el color físico y artístico, en donde el primero se expresa en un número o longitud de onda y en el segundo, importa el valor absoluto de la superficie y contorno, o sea que no es el mismo rojo en un círculo que en un cuadrado. Es por eso que en el juego del color sólo importa la fuerza de imaginación, los materiales elegidos y la técnica de su uso. Los pintores, maestros del color, tienen una amplia libertad de expresión debido a la acumulación de experiencias que los hacen ser capaces de elegir el color necesario en un espacio y acomodarlo en función conjunta, para que este pueda provocar emociones estéticas con sus ritmos cromáticos. De esta cualidad el color es el protagonista que engendra la obra, sin excluir por supuesto la originalidad de una nueva visión o la influencia de una cultura. Cada tono, cada sombra tiene un significado o una sugerencia que une en todo mensaje al que lo vea con quien lo recibe, es por eso que lo que importa es el aspecto emocional del color, clasificándolos en cálidos y fríos. Referente a esto los colores fríos expresan apartamiento, distancia, reserva y distinción. Los cálidos evocan proximidad e intimidad, este código ha sido utilizado por años, pero en los últimos tiempos los pintores los han aplicado en sentido inverso, la combinación de estos permite crear lo que se conoce como “ilusión cálida en profundidad”. En cuanto estilo, es Paul Gauguin quien defiende la idea que “sólo un ojo ignorante asigna un color fijo e inmutable a cada objeto”.

El color en la pintura occidental nació moralmente restringido, debido a la rigidez imperante desde el siglo V a.C., a la cual obedecían ya los sabios griegos, para quienes el verdadero arte debe expresar pureza y sobriedad, rechazando todo brillo y resplandor, por lo cual sólo ocupaban cuatro colores: blanco, amarillo, rojo y negro azulado. Se critica duramente todo lo proveniente del Oriente, más bien La India, porque allá se producían magníficos y exóticos colores que se oponen a la idea de mesura cromática. También se negaban a cualquier mezcla de colores porque ello significaba conflicto, cambio, putrefacción, por lo cual preferían el método al encausto, es decir, el de la mezcla óptica. Al contrario de los griegos, los romanos explotaron una gama más amplia de colores quedando esto de manifiesto en las investigaciones hechas en las ruinas de Pompeya, en donde se han identificado a lo menos 29 pigmentos. Con la llegada del llamado arte gótico se produjo una riqueza cromática, puesta en escena en las vidrieras de las catedrales europeas, donde el azul se coronó el rey de los colores, destacando catedrales como Chartres, Notre Dame y Saint Denis. En el siglo XIV, las principales escuelas de pintura italiana se encontraban en Florencia y Siena, lugares donde apareció uno de los más importantes pintores de la época, Giotto di Bondone, ya que con él se inauguró el uso de las sombras difuminadas y la mezcla de colores, encontrando en el Flandes del siglo XV el motor de este tiempo: el óleo. En 1430 la historia del color en la pintura se vio afortunada gracias a que León Battista Alberti, arquitecto y humanista italiano, advirtió sobre los nuevos principios cromáticos rechazando las antiguas definiciones griegas al utilizar todos los tonos, además consideró al gris como clave en toda composición y sugirió contrastar los colores de acuerdo a la regla de los opuestos complementarios. Es la figura más importante del siglo XV, incluso pintores del naturalismo siguieron sus fundamentos. Es así como la revolución del color encontró sus antecedentes en la luminosidad que caracterizó al Renacimiento, cuando pintores italianos expusieron a la luz como una presencia obligada en cada cuadro.

 

El gran genio de la época, Leonardo da Vinci, es quien ensaya y crea nuevos tonos de color, que gracias a sus teorías y definiciones influirá irremediablemente en la historia del arte universal. Afirma que el verdadero color de una cosa se encuentra en la parte que no ha sido afectada por sombras o brillo.

 

Para Leonardo, el blanco no era color sino potencia receptiva de todo color, además defiende que la pintura es la madre de las líneas visuales. Dentro de su legado existen dos teorías: una sobre la perspectiva, basada en las dimensiones del cuerpo humano y otra sobre el arte de aplicar colores llamada Tratado de la pintura, donde afirma que el que huye de las sombras huye de la gloria del arte de los espíritus nobles. Otro grande que se une a da Vinci es Rafael, quien deslumbraría con sus perfecciones de la pintura religiosa, ocupando el color en su pura expresión, sobre todo al aplicar la delicadeza de sus tonos suaves producidos por muchos mejor que la gracia divina. El siglo XVII fue para muchos el siglo de la luz para los estudios de óptica, pero el de la oscuridad para el color, esto debido a que mientras Newton revelaba la verdad sobre el color, la ropa de nobles y aristócratas europeos se teñía de negro, principalmente los protestantes de Países Bajos. Así fue como el tenebrismo se extendió desde Roma hacia toda Europa gracias a Caravaggio. Contemporáneo del renacimiento aparece Petrus Pablus Rubens, un apasionado de la vida, la luz y el color. Una vez independizado de sus orígenes, Rubens evoluciona de colores profundos y sombríos hacia las claridades, según historiadores este cambio se produjo cuando abandonó Holanda y se convierte en católico al emigrar hacia Roma.

Cabe destacar la notable expresión en diferentes estilos a tres españoles: Diego Velázquez, Doménicus El Greco y Francisco Goya. El primero es la luz engendradora de color, concepto que queda de manifiesto en su obra “Las meninas” , reflejo innato de la variedad de luces que diferencian las imágenes por su color. Sobre el acento barroco hace que cada cosa, cada ser tenga su valor pictórico. El Greco, de origen griego, pero formado bajo tradiciones españolas supo reflejar la disonancia de la vida moderna, anticipándose a ella. Con su melancolía y retraimiento característico daba el místico tono a su pintura. Su dialéctica pasa del dominio dramático al lirismo pictórico. Francisco Goya, es quien utiliza la vitalidad y frescura de los colores luminosos para expresar el sentimiento nacional de su arte. A él pertenece la llamada Pintura Negra que se refleja especialmente en la “Quinta del sordo”, la cual para muchos significa el duelo del pintor mientras que para otros, su protesta contra los males de la sociedad. En cuanto a pintura moderna es indiscutible hablar de Eugene Delacroix, no tanto por su colorido sino por su individualismo y espíritu de libertad. Su pintura, poética y romántica, logra dominar el color de la sombra y hace de ella uno de sus grandes encantos. La segunda revolución del color se produjo a mediados del siglo XIX con los primeros pintores impresionistas franceses. Al impresionismo le influye, entre otras, el genial Esbozo de una teoría de los colores de Goethe, que reivindica el color desde el lenguaje simbólico, revelador subjetivo de los misterios humanos, enemigo del dogma y de la especulación sinestésica. Esto es, más allá de la rigidez de las técnicas y del simplismo literal de la luz y de la sombra, en la línea flexible de un arte salido de la inspiración genial y del conocimiento científico. Siendo tan amplio y trascendente, el impresionismo toma su nombre de la pintura “Impresión: amanecer”  que Claude Monet presenta en París en 1876. Trata de una escuela que privilegia el color sobre el dibujo y evita toda oscuridad que sugiere el negro, por eso su gran lema “el negro no existe”.

El Fresco

Pintura al fresco.  Se denomina pintura al fresco la que se aplica sobre una pared preparada con un enlucido todavía húmedo y diluidos los colores con agua pura. El procedimiento del fresco se basa en aprovechar la propiedad que posee la cal de formar, unida a la arena y al agua, una capa en cuya superficie penetran los colores, y al secarse, quedan fijados

 

volviéndose insolubles al agua. En el renacimiento este proceso era conocido como buon fresco, o `a la italiana’ para diferenciarlo del fresco secco que se realizaba sobre el enlucido seco. En el buon fresco, se aplica el color en la última de las varias capas de yeso. En la penúltima, el pintor superpone un dibujo preparatorio, o cartón, de la obra, aunque también puede trabajar sobre un esquema de color independiente. A continuación, refuerza con acuarela oscura las diferentes figuras y formas del cartón y aplica la última capa de yeso sobre el dibujo por pequeñas zonas, y el color sobre el yeso mojado. Al secarse, la cal contenida en el yeso reacciona químicamente con el dióxido de carbono del aire, formando una película de carbonato de calcio que une de forma estable los colores a la pared. Los colores de un fresco suelen ser poco densos, translúcidos y claros y, en muchos casos, tienen una apariencia calcárea. En el renacimiento se encontró el modo de dar un poco más de opacidad a los colores. En el buon fresco es necesario pintar rápidamente, limitándose a lo esencial. El artista debe saber la cantidad de color que absorberá el yeso. Demasiada pintura hace que la superficie se agriete y hace necesario levantar la zona defectuosa, extender yeso fresco y volver a pintar.

 

Temple

Pintura al temple. Es una técnica pictórica que consiste en disolver el pigmento en agua y templarlo o engrosarlo con huevo, caseína, goma o una solución de glicerina. La pintura al temple es la técnica pictórica más antigua que se conoce; las pinturas murales del antiguo Egipto y de Babilonia, y las del periodo micénico en Grecia, están probablemente realizadas al temple con un aglutinante de yema de huevo, al que en algunos casos se añadía un poco de vinagre.

 

Posteriormente el empleo del temple se extendió por Europa y alcanzó su culminación en Italia. Pintores florentinos de los siglos XIII y XIV, como Giotto, Cimabue y sus contemporáneos, solían utilizar esta técnica sobre una preparación de yeso blanco. Antes de pintar una tabla, de álamo, tilo o sauce, era necesario llevar a cabo un laborioso proceso. En primer lugar se rellenaban las fisuras con una mezcla de apresto, o cola, y serrín. A continuación se cubría la tabla con un lienzo fino, que se sujetaba con apresto, y se revestía toda la superficie con un yeso espeso, conocido como gesso grasso, para aplicar finalmente, con brocha, una capa más fina llamada gesso sottile que constituía la superficie pictórica. La superficie era muy absorbente, lo que obligaba al pintor a trabajar con gran rapidez y seguridad. El resultado era una superficie de gran suavidad, aunque la gama de colores estaba limitada. Las pinturas al óleo empezaron a sustituir al temple en el siglo XV. Los pintores renacentistas italianos molían los pigmentos a mano y una vez conseguido el polvo lo mezclaban con el aglutinante. Hoy, este tipo de pinturas se están volviendo a poner de moda pero ya vienen envasadas y lo único que hay que hacer es añadir agua u otro aglutinante, generalmente caseína. Las pinturas al temple son opacas y mates y mantienen el color inalterable durante mucho tiempo.